Carta de D. Francisco Martínez Navas- Fue Vicario General de Málaga

Carta de D. Francisco Martínez Navas- Fue Vicario General de Málaga

D. Francisco Martínez Navas
D. Francisco Martínez Navas había sido párroco de Olvera, allí fue a pasar sus últimos años donde entonces era párroco su hermano Antonio, entonces perteneciente a esta misma Diócesis. En el momento en que escribió esta carta era secretario del Sr. Obispo, San Manuel González, y posteriormente fue Vicario General de la Diócesis.
La carta está dirigida a P. Anselmo López S.J. que estaba recogiendo datos sobre el P. Arnaiz para escribir una biografía.

 

 

R.P. Anselmo López S.J.

Málaga 2 de Enero de 1928.

Rvdo. Padre y estimado amigo:

Teniendo noticias de que algunos devotos del buen P. Tiburcio Arnaiz (q.d.D.g.) han comunicado a usted noticias acerca de su ejemplarísima vida y virtudes, quiero ser uno de tantos, aunque poco nuevo pueda participarle.

Por razón de mi cargo he acompañado al Sr. Obispo en la Santa Visita Pastoral, y en muchas ocasiones llegábamos al terminar el P. Arnaiz la misión preparatoria, que daba muchas veces solo, y otras acompañado de algún otro padre de la Compañía o sacerdote secular, y en todos los casos veía los pueblos movidos de manera extraordinaria, siendo numerosísimas las confesiones y comuniones, entre personas alejadas por muchos años de la recepción en los sacramentos, siendo universal la creencia en los pueblos de que el P. Arnaiz era un santo.

En Olvera, por ser mi parroquia, lo acompañé durante la misión, que dio juntamente con el P. Rodríguez en 1917, y de sus 12000 almas pocas quedaron sin confesar y comulgar; durante los 10 días de misión apenas descansaba 2 ó 3 horas cada 24. Su comida era frugalísima, y sus dotes extraordinarias de talento, cultura, gracia natural, don de gentes y compasión por todas las tribulaciones ajenas, eran instrumentos de que su ardiente celo se valía, para lograr la gloria de Dios y salvación de las almas, …puedo afirmar que su resistencia física en las misiones no parece que estuviera en relación con su natural endeble y delicado.

Las gentes decían, y era verdad, que al terminar la misión conocía a quienes se habían confesado y a quienes no; y al preguntarle yo si esto era cierto me contestó con la gracia y humildad que le caracterizaban: es verdad que se les conoce, porque cuando voy por la calle los que ya han confesado se me acercan con cara de recibir enhorabuenas, y los que no, se quedan atrás como avergonzados.

     Recuerdo que en aquella misión de Olvera se quedó afónico, y al decirle que no debía predicar, porque no le entenderían, me contestó: qué importa eso; a veces un sermón muy bueno no mueve a nadie; quizás sin entenderme se muevan al oírme afónico, porque ¿qué hacemos nosotros más que vocear? El fruto es de Dios.

     En la misión de Alcalá del Valle, el año 1918, estaba enfermo de la gripe, que en aquella primavera se extendió mucho por aquellos pueblos, aunque no con la gravedad que en el otoño, y a pesar de ello no faltó a un acto de la misión; entonces le oímos decir que él no tenía tiempo para estar enfermo, y que eso de » me duele la cabeza», «hace frío o hace calor» eran conversaciones de barberos desocupados.

    En Melilla, el mismo año, se hospedaba en la Residencia e iba a misionar el barrio de El Real, andando a pie los 4 kilómetros de camino, dos o tres veces al día, sin que se pudiera conseguir que utilizara ni una sola vez el coche que estaba dispuesto.

     Lo he visto después en muchas misiones hasta las últimas de Olvera y Setenil, en 1925 y ni los años ni los trabajos le habían hecho decaer. Era el mismo, y los pueblos, que ya lo conocían, se movían con sola su presencia.

   De su vida en Málaga y del concepto en que era tenido, más sabe Vd. que yo: las circunstancias que acompañaron a su muerte son prueba concluyente de que toda la ciudad y diócesis le tenía por hombre de Dios.

Queda a su disposición su afmo. amigo s. s. y Cap. in C.J. q. b. s. m.

Francisco Martínez Navas

- septiembre 23, 2018 - 727 Visitas