Casabermeja (Málaga): Juana Montiel Aguilar

Casabermeja (Málaga): Juana Montiel Aguilar

Me llamo Juana Montiel Aguilar, nacida en Casabermeja el 22 de febrero de 1898, soltera, y consagrada por voto particular privado a las atenciones del cuidado del Sagrario de la Parroquia y del templo.

Iglesia parroquial de Casabermeja. Al fondo el ayuntamiento, lugar donde estaba situada la casa donde se hospedaba en este pueblo

2.- Conocí al P. Arnaiz en una misión que fue a dar al pueblo de Casabermeja. Sería sobre el año 1918, yo tendría unos 19 años, recuerdo que muy temprano aún no había salido el sol, nos reunía para el Rosario de la Aurora, después del Rosario se celebraba la Santa Misa y otro P. Misionero nos hablaba. Después, a media mañana, reunía a los niños a quienes explicaban el catecismo el Padre y su compañero, que creo era el P. Mata. En las primeras horas de la tarde nos hablaba a las jóvenes, muy en particular a las que pertenecíamos a las Hijas de María. El P. Arnaiz fue el que me impuso la medalla. Por la noche eran los sermones y acudía todo el pueblo y venía también mucha gente de los campos. El Padre predicaba con mucho fervor, le salía por el rostro y todos en el pueblo comentaban: “Habla como un santo”. Los ratos que quedaban libres entre un acto y otro de la misión el Padre los dedicaba a visitar enfermos y yendo por los cortijos y organizaba la Comunión de los impedidos. Recuerdo que durante los días de la misión entronizó el Sagrado Corazón de Jesús en muchas casas que aún conservan los hijos y los nietos el cuadro del Corazón de Jesús. Nos hablaba mucho de que comulgáramos con frecuencia y nos exhortaba a trabajar para ser muy buenos cristianos. Recuerdo que nos decía: “Hemos de ser como locomotoras sin pararnos que tenemos una eternidad para descansar y la vida es muy corta y la eternidad muy larga”.

3.- El aspecto físico del P. Arnaiz era muy delgado e inspiraba mucha devoción y nos parecía ver a un santo. Aunque era muy serio tenía gracejo al hablar. A una amiga mía, Ana María Rodríguez, que no paraba de moverse para coger sitio muy cerca del púlpito, el Padre viéndola le dice: “Lo mismo da un poquito más para acá que para allá”. Esta amiga mía era hija de Juan Rodríguez, hermano de Antonio en cuya casa se hospedaba el P. Arnaiz.

4.- El P. Arnaiz se veía que era un hombre de mucha fe, se le notaba en su modo de predicar y hablar. Nos enseñaba a que tuviésemos mucha devoción a Jesús Sacramentado y al Sagrado Corazón de Jesús. Se le veía que sólo quería que Dios fuese muy amado. Recuerdo que el día que terminó la misión se despidió desde un montículo exhortándonos a querer mucho a Dios y a la Virgen. Todos emocionados decíamos “es un santo”. Hablando de la Eucaristía recuerdo que nos decía que acompañáramos mucho al Señor y que el mejor modo de acompañarle es recibiéndole. Estas palabras del Padre han sido como el lema de mi vida.

5.- La esperanza del Padre se manifestaba en el gran fervor con que invitaba a los hombres para que se confesaran, que confiaran mucho en la misericordia y en el amor del Señor que Él siempre nos perdona. Hablaba con mucha devoción del cielo, donde viviríamos por una eternidad, cuando hablaba del cielo parecía que su rostro resplandecía.

6.- La caridad era la virtud del P. Arnaiz de que más hablaba la gente. Del amor a Dios se referían comentando cómo decía la Misa y oraba ante el Sagrario. Hablaba mucho del amor al Sagrado Corazón de Jesús y propagaba mucho la devoción al Sagrado Corazón con las entronizaciones en las casas y dando medallitas y detentes del Sagrado Corazón. Amaba mucho a los pobres a quienes quería con verdadero cariño, sobre todo si estaban enfermos. Se esforzaba para que nadie quedase sin recibir los sacramentos e iba por los cortijos, visitándolos aunque viviesen muy lejos.

Recuerdo que en el pueblo vivía una mujer llamada Antonia Noblejas Fernández. A esta mujer le cortaron una pierna en el hospital de Málaga y fue recogida por una tía suya en el pueblo. Cuando la misión, el Padre fue a visitarla como a un enfermo más del pueblo y al verle la mujer le dijo a su tía, este es el Padre que me visitaba en el hospital y me socorría dándome limosnas.

7.- Llama la atención la gran fortaleza cristiana del Padre siempre trabajando y casi sin dormir, ni comer. Ana María Rodríguez, de quien antes he hablado y en cuya casa de su tío Antonio se hospedaba el Padre, dice que el P. Arnaiz no dormía en la cama y que únicamente se recostaba apoyándose en la cama. Comía muy poco y se notaba su gran austeridad y espíritu de penitencia.

8.- El P.Arnaiz era muy humilde, nunca hablaba de sí ni de sus trabajos y no consentía que nadie le alabase, a esto se unía su gran espíritu de pobreza, su sotana estaba limpia, pero se veía que era vieja. Viajaba de un sitio para otro siempre a pie, visitando los cortijos y no permitía que le llevasen en caballería.

9.- Decía la Santa Misa con mucho fervor e inspiraba una gran devoción a todos los que la oíamos. Su amor a Jesucristo se le veía haciendo oración ante el Sagrario.

10.- La fama que tenía el Padre en nuestro pueblo y en los cortijos del campo era de ser un santo. Cuando se murió el Padre, en el pueblo hubo un gran sentimiento y todos decían que había que encomendarse a él porque era muy santo. Hoy se recuerda al P. Arnaiz entre los hijos y nietos de aquellos que tuvieron la dicha de conocerle. Yo le tengo mucha devoción. Yo a pesar de mis años, vengo todos los años el día 18 de julio a visitar su tumba y a oír la Santa Misa y este mismo año he venido con gran alegría de mi corazón a la sesión de apertura del Proceso de Beatificación del P. Arnaiz, celebrado en Málaga el 18 de marzo de este año.

Málaga, abril de 1990

- mayo 19, 2018 - 821 Visitas