El Padre Arnaiz y el Apostolado de la Oración
(Hoy llamado Red mundial de oración del Papa)
El Corazón de Jesús, los Primeros Viernes y el celo por las almas
Cuando el Padre Tiburcio Arnaiz S.J. llegó a Málaga en 1912, fue nombrado director diocesano del Apostolado de la Oración. Aquí encontró un campo providencial para desplegar la labor apostólica que ya no abandonó mientras Dios le dio vida.
Para él, el Apostolado no era una asociación más, sino un instrumento privilegiado para extender la devoción al Corazón de Jesús y formar cristianos profundamente comprometidos.
El Padre Vicente Luque S.J., en su biografía del P. Arnaiz, subraya cómo el padre veía una relación estrechísima entre el amor al Corazón de Jesús y el Apostolado de la Oración, por eso lo fomentó allí donde no existía y lo reavivó donde se encontraba decaído. Fruto de este impulso fue el notable crecimiento de la asociación en Málaga. Como afirma el primer biógrafo del Beato, D. Antonio García, los afiliados pasaron de varios centenares a varios millares, pero, sobre todo, se fortaleció en Málaga el espíritu cristiano y el compromiso con las obras de caridad.
Formación espiritual y vida apostólica
El Padre Arnaiz se entregó con alma y vida a la formación de los miembros del Apostolado. Sus pláticas eran esperadas con entusiasmo por el fervor que ponía en ellas y por la exigencia evangélica que transmitía. No buscaba una devoción superficial, sino almas profundamente convencidas de la verdad cristiana.
El doctor Francisco Muñoz Poy, hijo de un responsable del Apostolado en tiempos del P. Arnaiz, dejó constancia de que esta obra ocupaba un lugar central en su actividad pastoral diaria.
Los Primeros Viernes: predicación, comunión y reparación
Los Primeros Viernes de mes, eran el día especialmente dedicado a los miembros de la asociación. Durante años, el Padre Arnaiz predicó de manera constante ese día, aun cuando sus misiones le obligaban a estar fuera de Málaga. Nos cuenta Emilia Werner:
«Hasta hace unos tres años predicaba todos los viernes en la misa de ocho, y, en estos últimos, que apenas paraba en Málaga por estar siempre de misiones, procuraba venir, estuviese donde estuviese, para predicar en la misa del primer viernes.» La afluencia de fieles era tal que la predicación hubo de trasladarse al domingo, como indica Emilia: «Esa predicación hubo de trasladarse al domingo, dado lo larga que se hacía la comunión de tanta gente».
El Primer Viernes no era para él solo una práctica devocional, sino una ocasión de encuentro profundo con Cristo Eucaristía, de comunión reparadora y de renovación de la vida cristiana. Decía el P. Arnaiz «No se puede comulgar con el Corazón de Jesús sin querer amar lo que Él ama y sufrir lo que Él sufre».
Por eso dispuso también actos solemnes de adoración, como nos dice Emilia: «Dispuso que el Apostolado tuviese manifiesto todos los primeros viernes, y antes de ocultar tenía ejercicio con sermón como el primer domingo.»
Además, la víspera de los Primeros Viernes acudía al convento de las Reparadoras para dirigir la Hora Santa a las señoras del Apostolado.
El Apostolado como escuela de celo
Para el Padre Arnaiz, el Apostolado de la Oración debía traducirse en obras concretas de celo apostólico. No concebía una piedad encerrada en lo individual. En las reuniones de los responsables se trataban las carestías más urgentes del pueblo, promoviendo una actividad silenciosa y eficaz en favor de los más necesitados. «Nada creía ajeno al Apostolado de la Oración, como nada es ajeno al Corazón de Jesús.», nos comenta el P. Ulpiano López S.J.
Este celo se concretaba en visitas a enfermos, atención a pobres, al hospital y a la cárcel, como él mismo recordaba a las asociadas enviadas a La Línea de la Concepción en 1918: “El Apostolado debía encaminarse siempre a poner a las almas en obras de celo”.
Una herencia viva
El entusiasmo del Padre Arnaiz por el Apostolado de la Oración le llevó a tenerlo presente en todas sus misiones, dejándolo establecido allí donde predicaba o reanimándolo cuando lo encontraba debilitado. En Málaga fue fermento de piedad, semilla fecunda que despertó el amor al Corazón de Jesús en innumerables almas.
Este tiempo jubilar 2026 puede ser una llamada, hoy, a seguir su ejemplo: difundir las bases teológica del Ofrecimiento diario de nuestras obras y la Consagración al Divino Corazón como camino de santidad, centrado en la Eucaristía, en la comunión reparadora de los Primeros Viernes y en el celo incansable por las almas, para que Jesucristo reine en los corazones, en las familias y en la sociedad.
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