DE DÓNDE PROCEDEN LOS OBJETOS DE LA EXPOSICIÓN

DE DÓNDE PROCEDEN LOS OBJETOS DE LA EXPOSICIÓN

¿DE DÓNDE PROCEDEN LOS OBJETOS DE LA EXPOSICIÓN?

Muchas de las personas que tuvieron la dicha de conocer y tratar al P. Arnaiz, percibían su santidad y apreciaban cualquier objeto que él hubiera usado o tenido entre sus manos: un rosario, unas zapatillas, una estampa, etc. En más de una ocasión, el crucifijo que siempre llevaba sobre el pecho,  se lo pidieron para quedarse con el suyo como recuerdo , a la par que le ofrecían otro para cambiarlo. Los mismos Padres jesuitas de su Comunidad,  que lo tenían como hombre de Dios, guardaron objetos y ropas usadas por el P. Arnaiz, como por ejemplo la almohada que usó durante su última enfermedad… S. Manuel González escribe al Nuncio de Su Santidad el 20 julio de 1926 dándole las gracias por conceder el permiso para enterrar al Siervo de Dios en la iglesia de los Jesuitas «porque el pueblo malagueño no quería hablar de enterrarlo en el cementerio»; en esa carta dice: «Desde el momento de su fallecimiento desfila ante su cadáver incesante multitud de fieles, que rezan ante él, con gran veneración tocan a su cuerpo gran número de medalla, rosarios, crucifijos, que guardan como preciadas reliquias». 

Algunos de estos objetos han llegado hasta nuestros días acompañados del testimonio de quienes los conservaron a lo largo del tiempo con mucho cariño:

Filomena Rodríguez de Casabermeja, conoció al P. Arnaiz cuando fue a su pueblo: “El Padre Arnáiz fue a Casabermeja a dar una misión. Se hospedó en casa de mis padres, Antonio Rodríguez  y Carmen Montiel… La cama no la usó; se vio siempre igual. No sabemos si en la alfombra descansaba. La copa donde tomaba el vino en la comida, la tenemos como reliquia. Cuando terminó la misión, salieron muchas personas a despedirlo. Se subió a un montecito y nos habló; y todos decían que era un santo.

Mi madre siempre me habló de cómo el P. Arnaiz era muy bueno y estaba siempre dispuesto para servicio de los pobres. Yo conservo todavía un crucifijo bendecido por el P. Arnaiz. Con ese crucifijo en la mano murió mi abuela. Isabel Morales López, de Málaga.

 

 

Mi esposa siempre que estuvo para dar a luz (hemos tenido seis hijos), ponía debajo de la almohada unas zapatillas del Padre, que se guardaban en mi casa y que se conservan como preciosa reliquia. Francisco San Miguel, de Algodonales.

- febrero 12, 2018 - 646 Visitas