HACE 100 AÑOS

HACE 100 AÑOS

inconsumably “Cuando Dios quiere una cosa… manda las personas y los medios”

each Enero de 1921 es una fecha muy importante para la “Obra de las Doctrinas Rurales” pues fue la que escogió la Providencia divina para que se encontraran el Beato Tiburcio Arnaiz y la Sierva de Dios María Isabel González del Valle. El corazón de cada uno de ellos tenían el mismo deseo movido por el amor a Dios: dar a conocer al Señor a las almas.

Beato Tiburcio Arnaiz S.J.

La Madre Santa Ernestina, religiosa de la Congregación de María Reparadora en Málaga, era dirigida espiritual del P. Arnaiz y nos cuenta que el Padre, a comienzos de sus trabajos en Málaga le decía: KontichJesús, Jesús, qué pena da ver esos pueblos sin sacerdote y sin iglesia; La Salud ¡cuántas almas que no conocen a Dios! Y que con frecuencia, cuando hablaban de esos poblados adonde él no podía llegar, en su semblante se reflejaba una tristeza profunda y repetía: “En ninguno de esos sitios conocen a Dios”

Y nos cuenta Emilia Werner, una de sus principales colaboradoras en la obra social y catequética en los “corralones” de Málaga, que un día al terminar una de las misiones en uno de ellos le dijo el Padre: “esta no es mi idea. Lo que yo pienso es que sean señoritas las que vayan por el amor de Dios a poner las escuelas en los pueblos y lagares”. Y Emilia le comentó al Padre que aquello le parecía a ella un disparate, y que el Padre le aclaró: “Cuando Dios quiere una cosa, todo se hace posible, manda las personas y los medios. Si él quiere esto, se hará cuando él lo tenga dispuesto”.

Monumento original de 1921 en Gibralmora

En 1920 el P. Arnaiz iba hacia El Burgo y vio al pasar por Pizarra, unas casas diseminadas: era la  Sierra de Gibralgalia. Preguntando si tenían iglesia y quién los enseñase se enteró del abandono de aquella pobre gente. Le dijeron que bajaban a Pizarra (a dos horas de distancia), a casarse y bautizarse, pero que por lo demás, no tenían casi, más que el nombre de cristianos, pues allí nadie había recibido los otros sacramentos. Así es que el Padre estaba deseando ir allí…

Desde el día ocho de enero de 1921 predicaba una misión en Pizarra (Málaga) junto con el P. Baldomero Bonilla S. I. Durante ella se entronizó una imagen del Corazón de Jesús en la Sierra de Gibralmora todo ello costeado por el Conde de Puerto Hermoso, D. Fernando de Soto y Aguilar.

Foto realizada en Pizarra el 12 de enero con el motivo de la entronización

El día doce acudió el Sr. Obispo, San Manuel González que bendijo la imagen del Sagrado Corazón y presidió la ceremonia de la entronización con numerosísima concurrencia. Después de la celebración de la Misa, se expuso el Santísimo Sacramento, ante el cual, el Conde, hizo una fervorosa consagración de su familia al Divino Corazón. Acto seguido la hizo el alcalde de Pizarra, D. José Rosas, en nombre del pueblo entero.

Así se lo contaba el P. Arnaiz el catorce de enero, por carta, a su hermana, que era religiosa dominica en Valladolid:

“…Salí para esta misión, y para el domingo o el lunes volveré a Málaga. Muchas cosas te diría de estas tierras y de la entronización del Sgdo. Corazón en un alto de una sierra, que llaman Gibralmora, y domina una grande extensión. La hizo el Sr. Obispo. Vinieron ciento diez seminaristas y un gran número de sacerdotes, y aquí continuaron todavía los misioneros en casa de los Sres. Condes de Puerto Hermoso, que nos atienden con exquisito esmero.”

Estando en aquella cumbre, en medio de la devoción del acto que celebraban y de la alegría de la fiesta, el santo P. Arnaiz fijó de nuevo los ojos en las casitas de Gibralgalia y con la inquietud apostólica que lo caracterizaba trató con el Párroco, D. Antonio Morillas, y con el mismo Conde, el asunto de poder ir a visitar la Sierra para conocer a sus habitantes y evangelizarlos aunque solo fuese en lo más elemental.

Conde de Puerto Hermoso, D. Fernando Soto Aguilar

Al fin, el quince, después de la comunión general quedaba terminada la misión y se encaminaron por las veredas a Gibralgalia. Iban los dos jesuitas que habían predicado, el P. Arnaiz y el P. Baldomero Bonilla, acompañados del Conde, el Sr. Cura y un grupo de amigos,

Los “serranos” les recibieron muy bien y el  P. Arnaiz reunió a hombres y mujeres y, bien entre ellos, bien subido a una ventana de la casita principal, les explicó las verdades fundamentales de la Santa Fe. Durante un día y una noche les estuvo predicando pues no paraba de llegar gente de las cortijadas y su palabra llena de unción les llegó al alma. Lo que pasó en esas pocas horas no tiene explicación humana. Confesaron y comulgaron niños y mayores. Fue algo tan llamativo que la revista “El Mensajero” publicó un artículo titulado: “Primera Misa y Primera Comunión de un pueblo”.

Quedó el P. Arnaiz gozosísimo por lo ocurrido, pero a la vez profundamente apenado del abandono e ignorancia en que se encontraban.

Ranchos de la Sierra de Gibralgalia

Después de dejar la Sierra de Gibralgalia, esa misma tarde, empezaba en el convento de las Reparadoras de Málaga (cerca de la actual plaza San Francisco) unos Ejercicios Espirituales para señoras.

A éstos acudió Mª Isabel González del Valle, la cual había experimentado una profunda conversión el año anterior durante otra tanda de Ejercicios en Madrid dirigida por el P. Castro en la que sintió la llamada del Señor a consagrarse por entera a Él. Desde entonces estaba con verdaderas ansias de saber qué era lo que Jesús quería de ella y en una ocasión, durante la oración, el Señor Sacramentado le inspiró un pensamiento: de que “debería irse de pueblo en pueblo, con su casina a cuestas, dando a conocer a Dios”. Lo consultó con el Padre Castro. En ese tiempo él fue destinado a la misión de las Islas Carolinas y mientras María Isabel veía más claramente la voluntad de Dios sobre su vida la envió a Málaga a conocer a Cecilia León, que por lo visto tenía en mente hacer una fundación de religiosas en dichas islas, así podría viajar con ella y ayudar en la misión. Y con este motivo estaba María Isabel en Málaga. Pero durante la conversación con Cecilia, por las explicaciones que le daba,  Mª Isabel comprendió que sería muy difícil que ésta llevase a término la empresa. Con todo, animada por Cecilia se decidió ir a ver al P. Arnaiz que era su director, para que le comunicara sus inquietudes espirituales.

Sierva de Dios María Isabel González del Valle

Era la tarde del 17 de enero de 1921. En este primer encuentro Mª Isabel explicó al Padre los propósitos que tenía de marchar a  las islas Carolinas para llevar a cabo los deseos de su corazón de dar a conocer a Dios a las almas. No nos dicen las crónicas los pensamientos del P. Arnaiz, pero seguramente no salía de su asombro al observar el apasionamiento de aquella señorita tan distinguida y elegante, y con  una clase de atavíos que fueron capaces de llamar su atención, pero no tardó en zanjar la cuestión yendo al grano y sin rodeos como él solía, mirándosela de hito en hito, contestó con fina ironía:

“¿Y con esos zapatos y ese vestido se va usted a ir a las Carolinas?”. “¡Qué Carolinas ni Carolinas!, cuando ahí, a dos pasos de Málaga, vengo yo de un pueblo donde ofrecí un rosario de cristal a quien supiera hacer la señal de la cruz y ni uno solo supo hacerla…, si de verdad usted quiere trabajar por Cristo yo arreglaré que pueda usted ir a enseñar esas almas. Pero ya hablaremos de eso después”.

Quedó Mª Isabel un tanto perpleja por el recibimiento dispensado, sin embargo su corazón ardió con la proposición que le hacía y se quedó a hacer los Ejercicios como él se lo indicó.

Encantada entró Mª Isabel en ellos y ya desde el principio se puso totalmente a la disposición del Padre, porque en una de las primeras pláticas o sermones sintió que el Señor le decía interiormente: “Ese es el Padre que yo quiero para ti”.

Continuará…

- enero 17, 2021 - 337 Visitas