La pobreza con ojos del P. Arnaiz

La pobreza con ojos del P. Arnaiz

D. Juan Muñoz Herrera- obispo de Málaga 1896-1919.

El  P. Arnaiz, recién llegado a Málaga en diciembre de 1912, fue designado por el Sr. Obispo D. Juan Muñoz Herrera, junto con otras tres personas, para la comisión encargada de redactar el programa de una Asamblea de las Juntas Parroquiales, y así dar una mayor fuerza a la Acción Social Católica en la Diócesis. Esta Asamblea se celebró en enero de 1913. Copiamos unos párrafos del comentario que aparece en  el Boletín del Obispado sobre la intervención que tuvo el P. Arnaiz:

«Sube el docto jesuita a la tribuna… y da cuenta de que su ánimo no es discursear, sino exponer lo que a su juicio entraña la acción social católica: -Dejaos de opiniones personales, estudiad ese mar de la acción social y, puesto que podemos, llegaremos, pues es católica la autoridad, la influencia, el dinero, etc., para regenerar la sociedad en Cristo- Y no solo se refería a las sociedades obreras, sino a todos, a los pobres y a los ricos, …. El orador cree que este es el primer acto de acción social en que trabajamos por nosotros mismos, saliendo de nuestros escondites y de nuestra apatía para laborar como católicos. Cristianizar la sociedad ha de ser el fundamento de nuestra acción y aquí sentía el orador deseos de hacer un discurso sobre la necesidad de la religión en la sociedad civil, pero se limitó a citar las inmortales encíclicas de León XIII…  Y continuaba: -No se crea que cristianizar es un fin indirecto, conseguido por la acción social, sino el primordial y primario, así lo entiende el Pontífice Pio X en su carta al Emmo. Cardenal Primado donde dice: ‘Por acción social entiendo la unión de las fuerzas católicas para procurar el bien de las almas y el bienestar de los cuerpos’ ¿Cómo se concreta esa cristianización?, promoviendo obras que fomenten el desarrollo y crecimiento y el celo por el culto, por la administración de sacramentos, la asistencia a los enfermos y santificando las uniones maritales-

Tenía claro que la evangelización traía la verdadera “acción social”. Por eso su caridad para con Dios le llevó siempre al amor del prójimo, y por eso sería difícil desdoblar lo que para él era una sola cosa: la Caridad que el Espíritu Santo derrama en nuestros corazones, y de ello dan fe todos los que lo conocieron y trataron.

Decía Concha Heredia que «con los pobres vergonzantes era extrema su delicadeza y el amor que les mostraba».

Se daba a todos, en todos los momentos, atendiendo a remediar grandes penas y pequeñas molestias: «Una vez que vio a mi pobre madre arrodillada en el Sagrado Corazón con aspecto de muy cansada, el santo jesuita la invito con afecto a tomar asiento» contaba un acreditado periodista malagueño. Y es que sentía compasión por todas las tribulaciones ajenas.

Villanueva de Duero, su primera parroquia. Vista panorámica de la iglesia parroquial. D. Tiburcio Arnaiz estuvo de párroco desde 1890 a 1893

Ya en Villanueva de Duero, a pesar de ser él pobre y contar con pocos recursos, la puerta del párroco siempre estaba abierta para atender cualquier necesidad de los menesterosos que por allí pasaban. Nadie se iba de vacío.

«No he conocido a sacerdote, y he conocido a muchos por mis cargos, -decía un amigo suyo sacerdote- más generoso y desinteresado y noble»

En Murcia  puso remedio a la lamentable situación en que vivían las jóvenes de las huertas que venían a buscar trabajo como sirvientas a la capital, viviendo mientras tanto en un pajar o sitio parecido, con el peligro consiguiente para su salud y su virtud. Buscó una casa y una señora que se encargara de administrarla y allí pudieron alojarse, mientras encontraban un trabajo, en un ambiente cristiano: sano y seguro.

Según el testimonio del P. Juan Cañete S.J., que fue Provincial del P. Arnaiz en los años que este estaba en Málaga: «A los pobres y gente ignorante mostraba un amor y cariño especial, y se dedicaba con gusto a ellos con una paciencia y dulzura admirables, instruyéndolos, interesándose por ello, consolándolos y ayudándolos con consejos y con cuanto podía».

Ayudó a muchos, tanto de la capital como de los pueblos misionados, con las limosnas que le daban personas pudientes para que las repartiera; casi siempre se valía de otros para que entregasen esas ayudas, pero a veces lo hacia él mismo, yendo a buscar el pan, con vales que le daban, para evitarles la vergüenza de que les vieran pidiendo limosna, aunque luego él se llevaba las críticas de alguno que creía que los curas se aprovechaban de los panes de los pobres.

Santo Cristo de Cabrillas- Alfarnatejo

También, para combatir el hambre y la pobreza, respondió el Señor a las suplicas del Beato, como en Alfarnatejo, donde  como consta en la placa que puso el pueblo en el templo parroquial:

«El Rvdo. P. Tiburcio Arnaiz de la Compañía de Jesús, pasó por aquí haciendo bien a todos: Acercó a Dios nuestras almas, reconstruyo nuestro templo que se hundía, y nuestros campos asolados por pertinaz sequia que quitaba el pan a nuestros hijos, fueron regados con abundante lluvia apenas oró a Dios tan santo Padre».

- junio 9, 2020 - 356 Visitas