MÁLAGA – D. Jesús Corchón Martínez , canónigo de la S.I. Catedral y Director de las Escuelas del Ave María

MÁLAGA – D. Jesús Corchón Martínez , canónigo de la S.I. Catedral y Director de las Escuelas del Ave María

Me llamo Jesús Corchón Martínez, natural de Burgos, nací el día 9 de agosto de 1906. Soy Canónigo de la S. I. Catedral de Málaga y Director de las Escuelas del Ave María.

1.- Conocí al P. Arnaiz en unos Ejercicios Espirituales que nos dio a los seminaristas mayores en nuestro Seminario, entre los años 1922 y 1924.  La impresión que me produjo como igualmente a todos mis compañeros era que el P. Arnaiz era un jesuita muy fervoroso y que respondía a la fama de santidad que ya gozaba en Málaga. Probablemente me confesé con él en algunas ocasiones durante las vacaciones de verano, pues siempre iba a confesarme con los PP. Jesuitas. Recuerdo la impresión que me produjo viéndole dirigir la Procesión del Sagrado Corazón de Jesús; daba un aspecto de hombre de mucha vida interior y gran espíritu de penitencia. Por mis circunstancias personales de seminarista interno no tuve ocasiones de tratarle personalmente. De su vida conozco sus actividades apostólicas por lo mucho que se hablaba en Málaga de ello y que figura recogido en las biografías del P. Arnaiz.

2.- El P. Arnaiz era el apóstol de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús en Málaga y en todos los contornos de la Diócesis.

3.- Era de estatura mediana. De complexión delgada, pero lo que más llamaba la atención era el aspecto espiritual que ofrecía. Hombre muy recogido, de gran modestia, de un espíritu muy penitente y de gran pobreza.

4.- Tuve la dicha de asistir a las honras fúnebres y entierro del P. Arnaiz. A la sazón, yo hacía las veces informalmente de suplente del Secretario Particular del Sr. Obispo, D. Manuel González, por estas circunstancias acompañé al Sr. Obispo cuando ya grave el Padre, fue a visitarle a la Residencia. De aquella visita recuerdo que el Sr. Obispo bajó muy serio y preocupado. A los pocos días, al acabar la Misa, que yo le ayudé, me dijo el Sr. Obispo: el P. Arnaiz ha muerto. Vuelve de nuevo a las diez para que vayamos al funeral y por la tarde asistiremos al entierro. Al terminar la Misa de «corpore insepulto», el Sr. Obispo se revistió de los ornamentos pontificales para rezar el responso. Hizo en aquellas circunstancias el elogio de las virtudes del P. Arnaiz y recuerdo unas palabras del Sr. Obispo que me impresionaron; por el rostro del P. Arnaiz corría un hilo de sangre y el Sr. Obispo dijo: que la sangre que no había podido derramar en el deseado martirio por amor al Señor, ahora afloraba a sus labios. Por la tarde acompañé al Sr. Obispo en el entierro que se celebró como una exaltación triunfante a las virtudes del P. Arnaiz. La prensa local y las biografías del santo narran con detenimiento este acontecimiento extraordinario. La comitiva recorrió el centro de la ciudad, en medio de un gentío inmenso, haciendo el mismo  recorrido, que solía hacer la procesión del Sagrado Corazón de Jesús, y, por lo menos, en las calles del recorrido, cerraron todos los comercios, hasta volver a la Iglesia de la Compañía donde fue enterrado.

5.- La fama de santidad del P. Arnaiz perdura en nuestros días y se ve favorecida por la propaganda que hacen las Misioneras Rurales que él fundara. A su tumba acuden muchas personas pidiendo la intercesión del P. Arnaiz para la resolución de sus problemas y necesidades de orden temporal y espiritual.

6.- Se contaba por aquellas fechas en los años de la Segunda República, un caso sucedido, cuando ya habían expulsado de España a la Compañía de Jesús, en el edificio que había sido durante muchos años su residencia. Estaban los albañiles preparando el edificio para algún destino civil, por parte de las autoridades de la nación, cuando un albañil que estaba trabajando en una de las dependencias, vio que entraba allí un sacerdote que le dijo: HAY QUE VER PARA LO QUE HA SERVIDO ESTO Y PARA LO QUE TENDRÁ QUE SEGUIR SIRVIENDO; el sacerdote salió de la habitación y se daba el caso, de que no lo habla visto ningún otro. Le  enseñaron una fotografía del Padre Arnaiz, y reconoció el albañil, que era el mismo que le habla hablado.

El hecho no puedo certificarlo nada más que como un rumor popular, pero que expresa el ambiente que tenía el P. Arnaiz entre las gentes humildes y devotas. No se juzgaba como cosa ajena a su santidad esta pretendida aparición a uno de los obreros que trabajaba en la Residencia de los PP. Jesuitas, entonces incautada y destinada a fines político-sociales por las autoridades de la segunda República.

Málaga, Abril de 1990

- junio 8, 2018 - 847 Visitas