MÁLAGA – María Victoria Ruíz de la Herránz Moreno

MÁLAGA – María Victoria Ruíz de la Herránz Moreno

     Me llamo María Victoria Ruiz de la Herránz Moreno, natural de Málaga, nacida el 13 de agosto de 1905, de estado viuda. Conocí al P. Arnaiz siendo muy niña. El Padre era muy conocido en mi casa por razón de la profesión de mi padre el Dr. Fernando Ruiz de la Herrán, que era el médico de la Residencia de los PP. Jesuitas y fue el que le asistió en la última enfermedad y embalsamó su cadáver.

2.- Yo me confesé varias veces con él aunque era muy difícil encontrar ocasión por sus salidas a las misiones y Ejercicios Espirituales fuera de Málaga. Cuando venía a Málaga eran muchos los penitentes que acudían buscando su dirección y de ahí la dificultad de poder confesarse con él, había que esperar de ordinario varias horas para poderlo hacer. Como confesor con sus palabras llenaba el alma de paz interior, preguntaba poco, escuchaba y aconsejaba conforme a la acusación o consulta que se le hubiera hecho.

3.- La actividad del Padre era infatigable. Los días que paraba en Málaga se dedicaba a visitar las Doctrinas de los Corralones, el Hospital, la Cárcel y sus continuos desvelos por atender a los enfermos y en particular a los pobres y más si se encontraban en situación de peligro de muerte. De la actividad del Padre en estas visitas se habla muy detenidamente en las vidas del Padre escritas por diversos autores y que recogen los hechos que corrían de boca en boca entre el pueblo y personas piadosas.

4.- Le escuché en diversas ocasiones predicar como el novenario del Sagrado Corazón de Jesús y asistí a unos Ejercicios Espirituales dirigidos por el Padre; yo tendría entonces unos 16 años.

5.- El Padre Arnaiz era el Director del Apostolado de la Oración establecido en la Residencia de los PP. Jesuitas. Mi madre y yo pertenecíamos a dicha Asociación. Por esta causa recuerdo las fervientes palabras que nos dirigía al terminar la procesión del Sagrado Corazón de Jesús y nos exhortaba con gran vehemencia a amar al Corazón Divino de Jesús y trabajar por su Reinado.

6.- El aspecto físico del Padre era de una delgadez extrema. Un poco hundido el pecho y la cabeza inclinada hacia abajo, de una gran modestia y humildad. Las vestiduras sacerdotales eran de aspecto limpio pero raído. Su rostro expresaba una espiritualidad profunda. Aparecía como abstraído e inspiraba un gran respeto y veneración.

7.- Espiritualmente se veía un hombre de una fe extraordinaria que se manifestaba en el celo ardiente por la salvación de las almas, que Dios fuera muy amado y conocido.

Él se veía que era un hombre dado del todo a la vida de perfección por su austeridad, espíritu de sacrificio y devoción que manifestaba sobre todo en la celebración de la Santa Misa y ante la presencia eucarística del Señor. Recuerdo haberle oído a mi padre que en más de una ocasión hubo de reprender al Padre por la falta de atención que prestaba a su persona y a los cuidados de su  salud.

8.- Era asimismo un hombre de una intensa y abierta esperanza en la misericordia de Dios Ntro. Señor. Acogía a los pecadores con profunda caridad, alentándolos en el camino de volver a Dios. Esta esperanza se reflejaba en su propia vida con la gran confianza en la misericordia de Dios para con él.

9.- Hablar del Padre Arnaiz es hablar de su ardiente caridad, se le notaba muy unido a Dios en sus trabajos y trato con las almas. Tenía un amor apasionado por la persona de Ntro. Señor Jesucristo a quien veneraba principalísimamente en la devoción a la Eucaristía y al Sagrado Corazón de Jesús, cuya devoción tanto fomentó. Esta caridad alcanzaba rasgos heroicos en el cuidado de los enfermos y de los pobres, vivía con una despreocupación total de sí mismo para atender a los más necesitados, para ellos eran sus mejores atenciones. En las vidas escritas sobre el Padre se habla de estas actividades para con los necesitados, por eso me remito en particularidades a lo allí narrado.

Ya he hecho alusión a la virtud de la pobreza que tanto cultivó y amó. No sólo era la pobreza que reflejaba su persona y modo de vestir, sino que tenía como una obsesión buscar medios para socorrer a los necesitados. No aceptaba ningún regalo sino era para distribuirlo entre los pobres.

El P. Arnaiz se ofrecía como un ejemplar de fortaleza cristiana. La gran característica de su vida fue el continuo entregarse al trabajo, dando muchas veces al mismo tiempo misiones, Ejercicios Espirituales y otras actividades apostólicas. Era muy austero en el trato consigo mismo, se desatendía fácilmente de la comida para atender a los prójimos y ya he hecho alusión a lo poco que miraba por su salud.

El P. Arnaiz llamaba la atención por su humildad. Virtud que se valorizaba en su lenguaje humilde no admitiendo ninguna alabanza, ni alusión a sus trabajos, incluso cuando se intentaba alabarle, tenía unas respuestas un poco duras y displicentes para aquellos que habían intentado honrarle de una u otra forma.

10.- Contemplar al P. Arnaiz era una llamada a la vida de oración, pues el espíritu interior y de vida sobrenatural se manifestaba en todo su exterior. Este espíritu de oración lo pude apreciar en los Ejercicios Espirituales que siendo jovencita practiqué con él. Las llamadas que nos hacía a la oración, se veía que salían del interior de su alma. Por esta ejemplaridad en la práctica de las virtudes y perseverancia durante su vida, juzgo que practicó las virtudes cristianas en grado heroico y nos dejó un modelo de santificación.

El P. Arnaiz siempre fue conocido en Málaga y su provincia como un santo, así la gente decía “el P. Arnaiz es un santo”. Esta fama de santidad tuvo su más espléndida manifestación a la hora de su muerte. Ya he dicho que mi padre fue el médico que le asistió en las últimas horas de su vida. Conocida la gravedad del Padre mucha gente acudía a mi padre pidiéndole que se interesase mucho por su salud. En aquellos días mi padre no regateaba los elogios a la santidad del Padre. Ante tales insistencias mi padre decía que los milagros no los hacía él sino el P. Arnaiz.

Ya he indicado que mi padre fue el médico que acompañado por otro doctor embalsamó su cadáver. Como anécdota curiosa pero que refleja la fama de santidad en que se tenía al P. Arnaiz fue que la bata con que se vistió para el embalsamiento se manchó con sangre y muchísimas personas acudieron con tijeras para cortar trocitos de la bata. Mi padre decía que a él no le dejaron ni un botón.

El entierro del P. Arnaiz fue una gran manifestación de la ciudad de Málaga aclamándole como a un santo. Los detalles de este acontecimiento fúnebre ya han sido relatados por otros testigos y consta en los periódicos de la localidad de aquellas fechas como igualmente en las biografías del Padre.

Recuerdo con gran paz de mi alma la impresión que sentí al contemplar a través del cristal de su ataúd la placidez de su rostro, parecía que estaba dormido. Mi padre, mi madre, mi hermano y yo asistimos a su entierro, por eso puedo testificar la gran manifestación de su entierro y como todos se encomendaban al Padre como a un santo.

Esta fama de santidad del P. Arnaiz pervive a través del tiempo. Yo siempre le he tenido gran devoción y la he enseñado a mis hijos y a mis nietos. A él encomiendo todos mis problemas.

A todas mis amistades las invito a encomendarse al P. Arnaiz y las oigo hablar con frecuencia de las gracias obtenidas por su intercesión. En estos mismos días conozco una familia que ha encomendado a la intercesión del Padre la salud de un hijo. Estaban para llevárselo a Navarra, pero desde que han comenzado las preces de la Novena han desistido del viaje y esperan ilusionadas la curación por la intercesión del P. Arnaiz.

Como intervención casi milagrosa juzgo el hecho que me ha ocurrido. Hace poco tiempo se me rompió la muñeca y no quise decirle nada a mis hijos para no alarmarles. En la parte dolorida de la muñeca me puse una estampa del P. Arnaiz. A los quince días mis hijos se dieron cuenta y me llevaron al médico. Confirmó que había habido rotura pero que no hacía falta escayolarla pues se había soldado sola. El médico ante la admiración de mis hijos dijo: “pues como no haya sido éste, se refería a la estampa del Padre, no sé cómo se ha obrado la soldadura”.

Málaga, abril 1990

- diciembre 19, 2018 - 82 Visitas