TESTIMONIO- Ellos lo vieron y conocieron: D. Emilio Cabello Luque, canónigo de la catedral- “su vida era un extraordinario permanente”

TESTIMONIO- Ellos lo vieron y conocieron: D. Emilio Cabello Luque, canónigo de la catedral- “su vida era un extraordinario permanente”

     Emilio Cabello Luque había nacido en Puente Genil, Córdoba, e1 13 de julio de 1877. Ingresó en el Seminario de Málaga el 1 de octubre de 1893. Desde abril de 1921 hasta el 31 de diciembre de 1923 fue Cura Regente de Santo Domingo en Málaga y desde el 1 de enero de 1924 desempeñó el mismo cargo en la de San Juan, también de Málaga. Desde el 11 de febrero de 1947 fue Canónigo de la S.I. Catedral. Falleció, en la misma Málaga, el 4 de julio del 64. Fue un hombre muy conocido y muy estimado. En diversas ocasiones acompañó, como misionero, al P. Arnaiz.

     En esta carta al P. Anselmo López que, sin duda, le había pedido narrase lo que conocía de su compañero de misiones, el P. Arnaiz, muestra la gran estima que tenía él  y da a conocer, con casos concretos que considera de mérito extraordinario, la entrega del mismo a su labor sacerdotal y apostólica.

 

 

 

 

 

 

21 – Enero – 1929.

P. Anselmo López.

Mi estimado y respetable P. in C. Jesús

     Al fin llegó la hora de cumplir su encargo de escribirle mis recuerdos de la vida del bendito e inolvidable P. Arnaiz, en los días que fui testigo de ella en las misiones que le acompañé como auxiliar.

     Si he de decir verdad, como quiero y debo, más que la falta de tiempo, retardó el escribir estas letras mi convicción íntima de no aportar con ella datos nuevos a los que usted con envidiable paciencia y santo celo tiene ya recogidos de aquella apostólica y santa vida del P. Arnaiz.

     Tres veces hice con él misión completa, y puedo asegurarle que las tres veces fue su único pensamiento y voluntad la gloria de Dios, salvando almas: alrededor de este anhelo giraba todo él como la rueda engranada en el piñón.

Recordando aquel espíritu del Padre se viene a la memoria el apóstol San Pablo, diciendo que no tenía otra cosa en que gloriarse sino en Cristo crucificado, así no parecía tener el Padre más ideal que la gloria de Jesucristo, salvándole almas.

      Brevísimo su descanso, sobrio en su comida e inagotable en sus reservas de actividad para las labores de su ministerio, al ejercicio del mismo estaba supeditada y como injertada toda su vida en todos sus menesteres, si había penitentes atenderlos era su comida y su descanso, sin importarle el trabajo ni la hora, aunque no quedase tiempo si era de noche, sino para enlazar con los ejercicios de la mañana: si se había de administrar la sagrada Comunión a los enfermos e impedidos allá iba él, aunque lloverá copiosamente, a cuerpo descubierto, si tenía fiebre alta y había que predicar, en el púlpito estaba él a la hora señalada, predicando con el fervor y energía del más sano.

     Así sucedió en una misión en el pueblo de Moclinejo (Málaga). Atacado de la gripe el Padre y con fiebre, que debía de ser alta, según era lo arrebatado de su color, ni guardó cama, ni dejó de hacer ningún acto de la Misión.

      Incluso el Rosario de la Aurora por las calles, cuando aún no había amanecido; por cierto, que la mañana que terminó esta Misión, a pesar de llover torrencialmente y de tener que hacer la primera jornada del camino, parte a pie, parte en caballerías por veredas de empinados cerros y parte por un arroyo en aluvión, en cuyas avenidas, más de una vez, perecieron jinetes y cabalgaduras, nada fue bastante para detener su partida, porque aquel día tenía él, en Málaga, la junta mensual del Apostolado: yo le acompañé, como era caso obligado, y allá bajamos por las veredas resbaladizas de los altos cerros, a trozos convertidas en canales de las aguas, saltando como podíamos los torrentes de las cañadas, y por último arroyo abajo, con el agua a media pata de las caballerías, de suerte que primero por el agua, que caía de las nubes, y después por la que saltaba del arroyo al caminar de las bestias, nos pusimos de mojado que los zapatos puestos a secar por la acción natural del aire tardaron un mes en quedarse bien.

Y era de ver cómo reía el Padre al verse en aquel lastimoso estado, y recordando los lances y emociones del camino, y cuente que el epílogo de esta memorable hazaña fue que el Padre curó de su mal y yo no tuve que lamentar ni un simple estornudo.

      Fue en Melilla donde estuve con él en otra Misión; pues allí misionó en los mismos días en dos iglesias distantes una de otra media hora de camino, aun andando deprisa como él andaba siempre; y todavía hubo tiempo para dar conferencias para señoras, conferencias de las que sacó un fruto extraordinario.

     ¿Más cosas extraordinarias?, no recuerdo sino que su vida era un extraordinario permanente, como pensaban, y decían muchos de los pueblos donde misionaba.

     Y aquí termino, mi querido P.  Anselmo, con el temor de no haber acertado a cumplir bien su gratísimo encargo; que el Señor perdone mis malas trazas y Vd. también; y si algo merezco por mi buena voluntad, a pesar de la tardanza, sea ello el que pida por mí en Misas y oraciones, y que me tenga por muy devoto y afmo. capellán en el Corazón de Jesús

Emilio Cabello Pbro.

- septiembre 30, 2018 - 171 Visitas