TESTIMONIO: ellos lo vieron y conocieron- D. Luís Vera Ordás, Canónigo y profesor del Seminario de Málaga

TESTIMONIO: ellos lo vieron y conocieron- D. Luís Vera Ordás, Canónigo y profesor del Seminario de Málaga

     Me llamo Luis Vera Ordás, natural de la Rúa de Orense, nací el 20 de julio de 1907

Soy sacerdote. Canónigo Magistral de la Catedral de Málaga. Doctor en Sagrada Teología y profesor durante 24 años en el Seminario de Málaga vivía con mi hermano Antonio que era sacerdote y dedicado a las misiones y por este motivo mi hermano coincidió con el P. Arnaiz en algunas misiones.

Seminario de Málaga

Su quehacer, cuando estaba en Málaga, se reducía a las atenciones al confesonario, visita al Hospital y pobres.

No había nada de extraordinario en su vida, sino era la fama de santidad de que siempre estuvo rodeado. El P. Arnaiz tenía fama entre la gente de hombre santo y aquellas personas que le trataban íntimamente, como mi hermano Antonio, le reconocían virtudes extraordinarias.

Su predicación era muy sencilla. La gente no se cansaba de escucharle y eso prueba que había algo especial en su predicación que no puede ser otra cosa que la valorización de un hombre muy de Dios.

Tuve conocimiento de la muerte del P. Arnaiz y recuerdo haber presenciado el entierro que fue una manifestación multitudinaria en la calle Larios.

Algunos al ver el acontecimiento preguntaban que quién se había muerto, si era alguna persona insigne en la política o en la ciencia, pero sólo se les podía responder que el que había muerto era un santo.

Las personas que hacían esas preguntas se trataban de personas alejadas de la Iglesia.

Me consta que en el círculo que tenía el Sr. Obispo, D. Manuel González, con los Misioneros Eucarísticos siempre que se hablaba del P. Arnaiz, el juicio era de que se trataba de un sacerdote santo y de virtudes extraordinarias.

Como hechos extraordinarios del P. Arnaiz puedo enumerar como se lo oí contar a mi hermano Antonio, la curación de un hombre que padecía un tumor en la rodilla y que fue curado por el Padre. Este hecho mi hermano lo refería como oído a persona digna de crédito.

El otro hecho lo contaba mi hermano como acaecido a él con el P. Arnaiz. El Padre hizo un itinerario fuera del camino normal y ante las dificultades que le propusieron los otros compañeros de misión dijo: «A lo mejor por ese camino normal sale un perro rabioso».

El caso fue que por el camino normal se supo después que había salido un perro rabioso.

Yo mismo puedo contar una anécdota personal. Un día le vi salir del Hospital e iba tan aprisa que me propuse seguirle, pero no pude seguir su paso a pesar de mis 17 años y amante del deporte. Yo mismo en predicación he citado este caso, no como un milagro, sino aclarando como el Espíritu Santo se apodera de un alma y si ésta se deja llevar por la acción del espíritu tiene incluso fuerzas físicas superiores a las naturales.

- octubre 12, 2018 - 551 Visitas